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sábado, 27 de junio de 2009

Menudo trabajo tengo


Qué maldición esto de trabajar en el primer subsuelo.


Encima un subsuelo de hospital, tan cerca de la morgue que no me animo ni a levantar la voz porque el silencio que la rodea es casi exquisito, algo que no se debe romper con la sonoridad de una palabra o el entrechocar de algún objeto.



Para colmo tengo la guardia nocturna. Atender el teléfono en esta soledad infinita, porque trabajo sola, absolutamente sola y aislada de todo y de todos, es un sacrilegio a la inconmensurable quietud de los muertos. Siento que este silencio me aplasta, que trata de arrancarme el frágil juicio que me queda para tirárselo a los gatos que pululan como fantasmas en los jardines del hospital. Carajo, con tantos laburos y yo departiendo en este hueco rebosante del llanto mudo de los que se fueron, ahí nomás, del otro lado de la pared.



No puedo dejar de pensar que las noches en este sitio están plagadas de cuentos de terror, donde la realidad pelea a capa y espada con la incongruencia lastimosa de los despojos que una vez fueron gente como yo.



¿Vagarán sus espíritus a través de los amplios corredores que circundan este primer subsuelo? ¿Estarán respirándome en la nuca mientras escribo? Gran paradoja, hilachas de utopías que trato de abarajar en el aire estancado de este recinto podrido que lucha por desquiciarme sin éxito.



Má sí, che. Cada uno trabaja donde puede. Gracias que tengo trabajo. Las utopías son parte de la vida, así que es mejor convivir con ellas y no pensar que mañana, puedo ser un cuerpo más del otro lado de la pared, allí en esa cámara refrigerada.


jueves, 25 de junio de 2009

EL CUENTO DE TERROR. RESEÑA


Por: Liliana García

“Me bastó un segundo para arrojarlo al suelo y echarle encima el pesado colchón. Sonreí alegremente al ver lo fácil que me había resultado todo. Pero, durante varios minutos, el corazón siguió latiendo con un sonido ahogado. Claro que no me preocupaba, pues nadie podría escucharlo a través de las paredes. Cesó, por fin, de latir. El viejo había muerto. Levanté el colchón y examiné el cadáver. Sí, estaba muerto, completamente muerto. Apoyé la mano sobre el corazón y la mantuve así largo tiempo. No se sentía el menor latido. El viejo estaba bien muerto. Su ojo no volvería a molestarme.” (El corazón delator, Edgar Allan Poe)

La conocida frase de H. P. Lovecraft, “La emoción más antigua y más intensa de la humanidad es el miedo, y el más antiguo y más intenso de los miedos es el miedo a lo desconocido”, engloba el concepto universal de los cuentos de terror.
Por ser este un género estrechamente relacionado con las emociones primitivas, se puede decir que el cuento de horror es tan viejo como el pensamiento y el lenguaje humanos, por tal motivo aparece como un ingrediente del folklore más antiguo de todas las razas, y se cristaliza en las narraciones orales, en las canciones, crónicas y textos sagrados más arcaicos, pues el germen del terror se encuentra implícito en la naturaleza humana.

Pero a pesar de estos antecedentes remotos, el relato de terror tiene sus verdaderas referencias en la literatura fantástica de finales del siglo XVIII y durante el siglo XIX, tiempo en que los autores clásicos del género rescataron el cuento de terror de la leyenda y del cuento popular.

Durante este período Gran Bretaña, con su novela gótica, se constituye en pionera de la novela negra. La primera novela gótica donde aparecen todos los elementos esenciales del género es El castillo de Otranto (1764), de Horace Walpole.

Otra de las autoras más importantes del género es Anne Radcliffe, cuyas famosas novelas hicieron del terror y el suspenso una moda, e instauraron nuevas pautas en lo que atañe a la atmósfera aterradora y macabra. Una de sus obras se destacadas es Los misterios de Udolpho (1794).

Un poco después el pueblo demuestra gran interés por obras sencillas como la de Daniel Defoe que da origen a la ghost store, es decir a las historias de fantasmas donde la brevedad, el humorismo y el realismo son sus principales características, alcanzando su cumbre con M. R. James (1862- 1936).

Más adelante en el tiempo, el cuento de terror tiene su apogeo con Edgar Allan Poe, maestro indiscutible del arte de narrar que representará la perfecta síntesis de lo macabro y lo feérico, lo fantástico visionario y lo fantástico interior; su obra nos muestra con igual intensidad a la ensangrentada muchacha que se levanta de la tumba después de permanecer varios días enterrada de La caída de la casa Usher como la sugestión de un asesino psicópata que quiere liberar su alma mediante un monólogo cargado de tensión en El corazón delator.

Los temas de Poe nacen de forma irremediable de su mundo interior: obsesiones, alucinaciones, sueños, transformándose en materia literaria.

Sus espectros adquieren de este modo una malignidad convincente que no posee ninguno de sus predecesores, e instauran un nuevo modelo de realismo en los anales de la literatura de horror. De hecho, puede decirse con justicia que Poe inventó el relato corto en su forma actual.

Otros como Hoffmann, Arthur Machen, Blackwood, Howard P. Lovecraft, Guy de Maupassant y Bram Stoker, hicieron honor al género.

Entre los más conocidos autores contemporáneos, en su mayoría norteamericanos, hay que mencionar a Dan Simmons (El río Estigia fluye corriente arriba), Ramsey Campbell (La camada), Peter Straub (La esposa del general), Dean Koontz (Terra Phobia), Richard Matheson (A través de los canales), Ray Bradbury (Y la roca gritó), Clive Barker (Terror) y el omnipresente e irregular Stephen King (La niebla).

Autores no faltan, libros tampoco. Entrar en el mundo de los cuentos de terror es un desafío que muchos aman pero otros temen…

*Extraído de la Revista PAPIRANDO

Te recomendamos descargar la lectura de Cuentos de Terror de la Revista PAPIRANDO # 4